Pedro Nieves, tenor venezolano nacido en 2000, inició su formación musical a los 4 años en El Sistema. Un año después, recibió su primera aria de Bach: un regalo que para cualquier niño sería un acertijo, pero que para Pedro fue una revelación musical. Aquella aria le enseñó a cantar, a escuchar y, sobre todo, a emocionarse por un camino que apenas comenzaba… sin saber que pronto estaría lleno de Puccini, bel canto y cafés apresurados antes de ensayos.
Fecha de Nacimiento: 01/02/2000
País de nacimiento: Venezuela
País /ciudad de residencia: España, Madrid
Conservatorio o Centro de Estudos: Escuela Superior de Música Reina Sofia
Fue miembro del coro Niños Cantores de Los Teques y, a los 12 años, participó en una producción de Tosca. Allí, al ver al tenor protagonista entregarse en escena (con drama incluido), Pedro tuvo una epifanía muy clara: “Quiero ser tenor… pero evitaré ese final tan poco alentador.” Ese mismo año fue seleccionado para el coro Niños Cantores de Venezuela, con el cual interpretó la Octava Sinfonía de Mahler dirigida por Gustavo Dudamel.
A esa edad, sobrevivir a Mahler ya era un logro vocal y emocional considerable. Más adelante formó parte del coro Voces Oscuras, del Coro Metropolitano de Caracas y del Coro Nacional Simón Bolívar. Con este último interpretó roles como el sumo sacerdote en Idomeneo (Mozart), Aronne en Moíses en Egipto (Rossini) y Tebaldo en I Capuleti e i Montecchi (Bellini). En el proceso acumuló más muertes escénicas que sustos en la vida real, confirmando que en la ópera se sufre mucho… pero se canta mejor. A los 22 años ingresó a la Compañía de Ópera Teresa Carreño, donde debutó como Nemorino en L’Elisir d’Amore.
Ha sido solista en el Réquiem de Mozart y en El Mesías de Händel con la Schola Cantorum de Venezuela. Su debut europeo llegó recientemente como Rodolfo en La Bohème de Puccini, en el Coliseu Porto Ageas (Oporto). La combinación de amor, bohemia y público portugués resultó ideal para demostrar que Rodolfo puede enamorar… especialmente si está bien afinado.
Pedro reconoce profundamente que su camino artístico no ha sido solo suyo. Agradece con gratitud y admiración a sus padres, quienes han acompañado cada paso —desde las primeras notas hasta los escenarios más exigentes—, y a sus maestros, cuyo compromiso y guía han convertido su vocación en una profesión bella, sólida y llena de propósito. Sin ellos, la música habría llegado… pero seguramente con menos elegancia y menos apoyo emocional. A lo largo de su trayectoria contó con la guía vocal de Mª Samia Ibrahim, figura clave en su formación inicial. Actualmente estudia en la Cátedra de Canto Alfredo Kraus de la Fundación Ramón Areces en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, bajo la dirección de la maestra Juliane Banse, donde continúa perfeccionando su técnica, su musicalidad y ese toque de humor que mantiene con vida —y alegría— la existencia de un tenor